miércoles, 27 de febrero de 2013

Participaciones preferentes: el 'timo de la estampita'

Tengo la desgracia de conocer de primera mano y de cerca un caso de estafa (sí, estafa) de Bankia con las ya famosas participaciones preferentes.

Acerca de este asunto se ha hablado y escrito mucho, por lo que no voy a explicar una vez más en qué consisten, sus riesgos, etc. Pero me quiero detener en un aspecto que me ha llamado la atención.

Fuente: El País

Como es bien sabido, los 'test de conveniencia' y 'de idoneidad' son los principales argumentos defensivos de las cajas en estos casos. Por lo general, los clientes de estas entidades  tuvieron que rellenar y firmar dichos test antes de suscribir el contrato de productos complejos como los citados. Para aquellos que no hayan visto uno de estos documentos, se trata de breves formularios en los que se pregunta al cliente acerca de su nivel de formación, comprensión del funcionamiento de esos productos... En definitiva, cuatro cosas para valorar su grado de conocimientos financieros. En muchos de los casos, eran los propios empleados de la entidad quienes preguntaban a los ahorradores y rellenaban el cuestionario, trasladando más o menos sus respuestas. Al ser instrumentos de inversión complejos, era habitual que el test concluyese que se trataba de un producto 'inadecuado' para el cliente. Y así se indicaba en el documento que se daba a firmar (ya sabéis, "firme Vd. aquí y aquí"), haciendo que el cliente admitiese por escrito que, pese a ser poco apropiado para él, lo contrataba bajo su responsabilidad y que la entidad se lavaba las manos. Bueno, con otras palabras. Pero el concepto es ese. Me imagino que más de uno, al ver ese mensaje, daría cierto respingo en la silla. Y seguro que el amable empleado lo confortaría diciéndole que no se preocupara, que son 'cosillas' que se ponen en los contratos por si acaso, pero que luego nunca pasa nada y que no hay por qué inquietarse.

Si tenemos en cuenta que el perfil típico de cliente de las cajas suele el de una persona de edad avanzada, con escasa formación financiera y que ha confiado sus ahorros durante toda su vida a la misma entidad -e incluso a la misma sucursal-, el argumento de los test es especialmente obsceno. Sobre todo porque lo cierto es que se vendió a cientos de miles de clientes un producto de inversión como si fuera de ahorro. A estas personas se les ofrecía un producto destacando su alta rentabilidad pero sin advertir de los riesgos o de su falta de liquidez.

Por eso, hasta ahora no me he referido a ellos como 'inversores', ya que gran parte de estos clientes no lo son. Casi siempre se trata de 'ahorradores', con una elevada aversión al riesgo. Entre los afectados hay miles de personas que han depositado los ahorros de toda su vida, la herencia recibida de su cónyuge fallecido, etc., sin saber que la estaban arriesgando. Pensaban que contrataban algo así como un 'plazo fijo'. ¿Cómo iban a pensar que estaban abusando de su confianza y 'colocándoles' un producto que, en algunos casos, iba a dejarlos en la ruina?


No sé si por voracidad comercial o por desconocimiento -quiero creer que sin 'mala fe'-,  se presentaban al cliente como productos seguros, con alta rentabilidad y liquidez. Vamos, un 'chollazo'. Pero seamos francos: estamos ante un producto que se vinculaba a los supuestos beneficios que habría de obtener una entidad que presentaba un elevado apalancamiento por la enorme cantidad de hipotecas que tenía -y tiene- en cartera, y que se comercializaba en 2009, cuando ya era evidente que la 'burbuja inmobiliaria' había estallado.

Por eso, una y otra vez tengo la sensación de que las cajas se exculpan de manera similar al estafador pillado haciendo el 'timo de la estampita'. Parece que digan: "Sí, yo te he estafado. Pero ha sido por avaricioso y por creer que tú me podías engañar a mí. ¿Cómo te iba a dar ese interés sin que tú me dieras algo a cambio".

Veremos en qué queda todo esto, aunque soy realmente escéptico respecto al arbitraje, cuyos criterios serán marcados por una comisión creada a tal efecto. Mis motivos de desconfianza son bien sencillos. Las cajas afectadas por este asunto de las participaciones preferentes están actualmente nacionalizadas. Por eso, no puedo confiar demasiado en los criterios objetivos y el perfil del cliente que fijará dicha comisión como filtro para acceder al arbitraje con el fin de recuperar el 100% del capital depositado. Según algunas estimaciones, el porcentaje de clientes que podría acogerse a este arbitraje podría situarse entre el 25% y 30%. Ya lo iremos viendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario